Te sentís una hoja en el océano, sacudida a voluntad de las aguas
indomables, sin ningún tipo de control.
Después te convertis en un pedazo de madera, seguís igual pero ya sabes que
siempre volves a la superficie.
Poco a poco, construis mástiles, timón y velas. Seguís igual pero podes
elegir como y donde te van a revolcar la próxima vez.
Fernando Sar