Ser cabeza de familia es muy complicado. Atrás de vos no hay nadie que te respalde, sos la última línea de defensa. Tenés que pensar en las consecuencias de todo lo que se decide para asegurar el mejor resultado a largo plazo. Te convertis en el malo a cada rato pero no hay opción, si no lo hicieras serías el responsable del desastre futuro. Balancear los pro y los contra se vuelve tu día a día. Desde que ves a la madre con su bebé en brazos empezas a decirle que se prepare para verlo partir feliz. Inventas sencillas explicaciones a la medida de cada niño para evitar que se formen ideas caprichosas. Siempre regalas herramientas para la vida, pero nunca comodidad gratis. Apoyas todo tipo de iniciativa, siempre que sea responsable y apasionada. En el mejor de tus sueños cuando seas viejo los veras felices y bien metidos en su vida.